Para la mayoría de las personas que siguen un tratamiento de desintoxicación, hablar de recaídas es algo que resulta incómodo, puesto que les pone ante una posibilidad que choca con los buenos propósitos que se están configurando desde el inicio de la abstinencia y el proceso de tratamiento de la adicción.

El paciente

Recaer es algo posible y es necesario conocer la posibilidad. Sin embargo, muchos ni siquiera quieren pensar en ello o ni se lo plantean. Buscan en esa especie de “pensamiento puro”, una fuerza que les proteja de las tentaciones y de los momentos de debilidad. De hecho, no son pocos los que erróneamente piensan que el hecho de tener en cuenta las recaídas, realizar un abordaje específico en la prevención de recaídas y planificar soluciones de emergencia ante un escenario de tentación a iniciar un consumo es de algún modo abrir la posibilidad a que éstas ocurran o ser percibido como una falta de confianza o compromiso por parte de los profesionales o la familia dentro del proceso de rehabilitación del alcoholismo u adicción a sustancias.

Estas actitudes de un paciente con enfermedad adictiva ante la recaída esconden una inseguridad y, con ella, un miedo ante el cual se prefiere adoptar una postura de mirar hacia otro lado o pseudoinmunidad (“como si eso fuera con otras personas que tienen un problema de adicción pero no con ellos”).

El profesional

A nivel profesional, por el contrario, se defiende que es necesario un abordaje terapéutico específico, claro y sin tapujos, ya que el afrontar una posibilidad de forma honesta y con información veraz es más preventivo que tratar de aparcar un tema que nos incomoda: alguien que no busca información e ignora deliberadamente un tema delicado que le puede afectar se expone a que si esta situación se presenta no disponga de ningún recurso para poder afrontarla con éxito; es por eso que evitar hablar de las recaídas resulta al final más peligroso que conocer su posibilidad y poder afrontarlas con las máximas garantías.

No es un fracaso

Hay que resaltar que una recaída no es un fracaso. El hecho de que al cabo de semanas o meses de abstinencia reaparezcan recuerdos, deseos o impulsos de consumir –craving- de forma aislada o esporádica, aparte de ser algo completamente normal, significa simplemente que el antiguo hábito de consumo todavía da algunas señales de vida en una tendencia de disminución progresiva. No hay que olvidar que ese hábito de consumo se ha establecido de forma muy fuerte a lo largo de meses o años, por lo que su desaparición nunca podrá ser rápida ni brusca.

En este contexto, la recaída se entiende como que el nuevo hábito, la abstinencia, no es todavía lo suficientemente sólido y deja algunos resquicios por los que todavía se deja ver el viejo hábito de consumo en proceso de ser sustituido, por lo que es necesario el máximo compromiso y responsabilidad con el cambio vital que el paciente debe realizar para su recuperación plena.

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