benzodiacepinas Estrés crónico. Consumo de ansiolíticos y estimulantes

Actualmente vivimos en una sociedad en la que prima el estrés, originado por diferentes factores y, aunque en pequeñas cantidades, resulta positivo para activar a la persona, en dosis elevadas afecta a la salud mental y física, ocasionando dolores de cabeza, taquicardia o problemas gastrointestinales.

El concepto de estrés es muy amplio y existen diferentes tipos. Uno de ellos, el estrés crónico, ocurre cuando el factor estresante se repite una y otra vez, es decir, se prolonga en el tiempo y se acaba produciendo un agotamiento físico y emocional que conlleva graves consecuencias para la salud de la persona que los sufre, llegando a provocar trastornos como por ejemplo la depresión.

La persona que padece estrés crónico lo acomoda a su estilo de vida y no presta atención a los síntomas que denota su cuerpo. Algunas de las formas en las que se puede expresar este tipo de estrés son: enfermedades cardiacas, alteraciones en el sistema digestivo, insomnio, ansiedad, depresión o abuso de sustancias.

Mitigar el estrés

Con tal de mitigar los síntomas producidos por el estrés como la ansiedad o la tensión muscular, se recurre a tomar ansiolíticos, fármacos depresores del Sistema Nervioso Central, con la finalidad de producir efectos relajantes. La toma de estos medicamentos en dosis normales, producen una mejora en el rendimiento de la persona. Sin embargo, cuando se toman dosis elevadas provocan confusión, disminución de la coordinación psicomotriz, aturdimiento, etc. Asimismo, puede aparecer tolerancia y dependencia, por lo que no se recomienda tomarlos durante un largo periodo de tiempo.

En este sentido, uno de los fármacos más utilizados son las benzodiacepinas, medicamentos tales como el diazepam, el alprazolam o el lorazepam forma parte del conocimiento popular y son de habitual y creciente petición en las consultas médicas como alternativas a llevar mejor el malestar y el estrés cotidiano.

En algunas ocasiones, se asocia la toma de estos medicamentos con otras drogas como el alcohol o la cocaína, de modo que un consumo prolongado del conjunto, puede suponer un incremento de problemas interpersonales o laborales, irritabilidad, depresión o incluso, desarrollar una adicción. En este sentido, la persona pretende regular su actividad fisica y emocional como un semáforo, alternando sustancias depresoras con sustancias activadoras, con el objetivo de proporcionarse estados de descanso y estados de euforia lejos de los ritmos biológicos normalizados del cuerpo humano.

El tratamiento para el estrés crónico se ha de ajustar conjuntamente con la dosis adecuada de fármacos y en un tiempo determinado, junto con tratamiento psicológico. Desde un abordaje en el que se incentive la autoestima y el autocuidado junto con estrategias de autocontrol, se puede recuperar la confianza en uno mismo para mejorar la calidad de vida y el bienestar emocional de la persona. En este sentido, es necesario instaurar patrones en los hábitos y rutinas diarias que impregne con estímulos proporcionados y saludables la cotidaneidad de la existencia de la persona

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