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“El 40% de los pacientes que ingresan en IVANE con un problema de alcoholismo padecen además un trastorno afectivo”, según afirma el psiquiatra Augusto Zafra, director del centro de desintoxicación situado en el Hospital Nisa Aguas Vivas. “Y de ese 40%, -añade- sobre la mitad cumplen criterios clínicos de padecer un trastorno depresivo concomitante a su problema adictivo de alcohol”.

Estos datos reales indican que “la coexistencia de un trastorno afectivo, en todas las tonalidades e intensidades posibles, junto con un trastorno por consumo de alcohol es más frecuente de lo que a priori se puede pensar”, afirma Zafra.

La presencia de depresión-alcohol o alcohol-depresión en una persona que solicita ayuda de profesionales aparece entre el 20 y el 40% de las consultas médicas de petición de ingreso en los centros de desintoxicación.

Realizarse preguntas del tipo: “¿el estrés y mi bajo ánimo es lo que me ha empujado a abusar del alcohol? o ¿consumir alcohol de forma compulsiva, me ha llevado a caer en un cuadro depresivo?” podría llevar al paciente a callejones sin salida, confusión y una inoperancia por parte de los profesionales al abordar estos temas de salud de forma independiente cuando aparecen conjuntamente en la misma persona.

El director de IVANE indica: “Ante cualquier abuso de alcohol o problema de alcoholismo establecido, es necesario realizar un despistaje orgánico y psíquico de otros malestares, especialmente los estados afectivos, la depresión y el trastorno bipolar, ya que la comorbilidad del alcoholismo y la depresión es extensa”. Además, afirma Zafra, “dependiendo de cómo se aborden conjuntamente estas dos patologías, marcarán la evolución y el pronóstico de la recuperación del paciente con adicción y depresión”.

El trastorno depresivo constituye, en palabras del psiquiatra, “un síndrome del estado de ánimo que afecta al estado emocional, cognitivo, motivacional y psicomotor de la persona y mediatiza en menor y mayor medida su relación con el exterior y con el mundo”.

Los factores que pueden precipitar la aparición de un cuadro depresivo son la sensación de soledad, una ruptura sentimental, el fallecimiento de un familiar o el estrés laboral. También puede aparecer tras un cambio vital potencialmente deseado y positivo para la persona como puede ser una mudanza, el embarazo, el ascenso a un puesto laboral de mayor responsabilidad, la jubilación, el descanso anhelado tras meses de estrés…

Sin embargo, también podemos situar entre los factores precipitantes y mantenedores de la depresión hábitos no saludables que incluimos en nuestra vida, sin pararnos a pensar en sus consecuencias, como puede ser el consumo de alcohol, la falta de sueño, el aislamiento social, etc.

“En otras ocasiones, el abuso de alcohol y el alcoholismo no es factor un precipitante, sino consecuencia de un trastorno depresivo de meses o incluso años de evolución”, indica el especialista en psiquiatría.

La depresión, una enfermedad psíquica

Hay pacientes que cuando sufren por primera vez una depresión, les cuesta identificar este estado de malestar emocional. Identifican el cansancio, la desgana, la falta de ritmo… Síntomas que pueden asemejar estados anémicos o constitucionales en los que la persona casi siempre activa mecanismos de identificación hacia un malestar físico frente a la asunción de un problema psíquico.

“Siempre se ha dicho que para identificar correctamente un estado depresivo hace falta la experiencia personal y haberla sufrido en alguna ocasión, y no falta razón en esta aseveración”, asegura Zafra, quien añade: “en parte, ocurre porque los mecanismos de identificación de un estado mental jamás sufrido lleva alta dosis de desconocimiento y falta de asunción de que el malestar psíquico conlleva alta dosis de miedo, temor, evitación y  estigma que atentan contra la objetividad y neutralidad de los mecanismos cerebrales internos que cada uno poseemos”.

 

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